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Innovaciones en envases activos e inteligentes


abril, 2018


Innovaciones en envases activos e inteligentes

Botellas que enfrían en segundos, envases plásticos que calientan su contenido en instantes, bolsas aptas para ser utilizadas en microondas, son ejemplos de los envases inteligentes que avanzan de la mano de la comodidad que brindan.

 

Atrás quedaron los tiempos en los que los recipientes de plástico eran sólo para guardar alimentos, pues en los últimos años la investigación ha jugado un papel decisivo y determinante en el desarrollo de envases y materiales. Buena prueba de ello son los envases activos y los inteligentes, y parece que las innovaciones en este campo no cesan.

 

Y es que, además de preservar los alimentos de los agentes externos que puedan alterar sus propiedades, los envases también aportan mejoras al alimento, aumentan su vida útil, mejoran su conservación y ayudan a reducir el número de alimentos que se desperdician. Estos envases que “hablan” ejercen cada vez más nuevas y abundante tareas.

 

Las características de los envases con comodidades son tan numerosas como diferentes. Son ligeros y, por tanto, manejables; se pueden abrir y cerrar de nuevo sin necesidad de utensilios; traen una etiqueta de seguridad para garantizar su autenticidad; es posible calentar los alimentos o acabar de prepararlos en su envase tanto en el microondas como en el horno; son reciclables o se pueden aprovechar para otros usos; y su tamaño es el correspondiente a un determinado número de porciones.

 

Envases inteligentes

De acuerdo con el grupo de trabajo de Envases Activos e Inteligentes y de Impresión Funcional de Aimplas, los envases inteligentes brindan información al consumidor con base en la interacción que sucede entre el propio alimento y el envase, que desencadena una modificación (normalmente visual) en el envase, que es el indicador de la calidad o del estado del producto.

 

Los indicadores de oxígeno y dióxido de carbono pueden ser usados para monitorizar la calidad de los alimentos. Se utilizan como indicadores de frutas o para verificar que los alimentos se encuentran en buen estado.

 

Muchos de estos indicadores cambian de color como resultado de una reacción química o enzimática (el tinte más utilizado para indicadores de fruta es el azul de metileno, cuya modificación del color está basado en una reacción de oxidación-reducción).

 

Los especialistas explican que en Japón son muy usados los indicadores de oxígeno con muchos alimentos frescos o preparados envasados con un absorbedor de oxígeno en un envase transparente de plástico o cristal.

 

Otras tendencias en el envasado inteligente son aquellas relacionadas con componentes electrónicos inteligentes que aportan información sobre la identificación del producto, fecha de envasado, precio, etcétera. Además, función tiempo-temperatura, fugas y/o indicadores de frescura. Otros sistemas inteligentes menos usuales son: sensores de color, indicadores de golpes, etiquetas, Radio Frecuencia (RF) y sensores de autenticidad.

 

Para las empresas envasadoras, de ahí surge la necesidad de ir perfeccionando las características de sus envases con el fin de mejorar la competitividad de sus productos en el mercado consumidor. Por esto, las posibilidades existentes se extienden a otros tipos de envases y materiales de envasado, y se están buscando nuevos caminos para hacer más cómoda la vida de los consumidores.

 

Agentes para envases activos

Entre los numerosos compuestos que pueden encontrarse en los envases activos, tienen una especial relevancia aquellos obtenidos a partir de tejidos vegetales debido a su origen natural, lo que hace que sean fácilmente aceptados por la gran mayoría de los consumidores. Sin embargo, el uso de compuestos activos producidos a través de síntesis o reacciones también es una alternativa, debido a la reducción de costos de producción.

Entre estas sustancias destacan, en función de su concentración o pureza en compuestos activos, los siguientes:

– Extractos o aceites esenciales. Son aquellos obtenidos a partir de cítricos, ajo, clavo, canela, etc. Se logran a partir de tejidos vegetales mediante distintas técnicas como destilación, extracción con fluidos supercríticos y se componen predominantemente de derivados fenólicos y terpenos.

– Compuestos puros. Se trata predominantemente de los compuestos típicos de los aceites esenciales: eugenol (hoja de canela), cinamaldehído (rama de canela), carvacrol (orégano), benzaldehído (almendra amarga), limonero (cítricos), capsaicina (guindilla), alil isotiocianato (ajo), cineol (eucalipto), etc.

– Aditivos alimentarios. Diferentes compuestos empleados generalmente como conservantes en alimentos (sorbatos, benzoatos, etc.), también, pueden formar parte de envases activos.

 

Estos compuestos de origen natural o también de origen sintético se pueden incorporar como un agente activo al envase, donde actúan, y contribuyen a aumentar la vida útil del producto envasado. Dicha incorporación puede realizarse siguiendo distintos procedimientos:

– Algunas sustancias pueden incorporarse en forma de recubrimientos sobre distintos sustratos, bien sean estructuras monocapa o multicapa. En este caso, el agente activo debe ser susceptible de integrarse de forma homogénea en el recubrimiento, por lo que la elección de los componentes del mismo (solvente y polímero) debe realizarse según las características físico-químicas de éste.

– Compounding. En ocasiones el compuesto o compuestos activos puede agregarse al polímero estructural previamente a la extrusión o inyección (vía masterbatch), de tal forma que el envase final incorporará propiedades activas.

– En otros casos, las sustancias activas pueden incorporarse en dispositivos distintos del propio envase, como suele considerarse en el caso de absorbedores o secuestradores de humedad o gases.

 

La utilización de envases activos está cobrando cada vez una mayor relevancia en la cadena de suministro de alimentos debido a las importantes ventajas que su aplicación ofrece. La posibilidad de alargar la vida útil de productos perecederos, utilizando materiales que pueden ser sintéticos, pero también biodegradables y la valorización de residuos agroindustriales, hacen que la tecnología de envases activos tenga un futuro prometedor.

 

Envases que “hablan”

Los envases del mañana reflejarán los avances técnicos y, además de brindar comodidad al consumidor, serán una ayuda en la cocina y en el trabajo doméstico. Sin embargo, aún no se vislumbra el final del desarrollo, pues ahora los fabricantes de electrodomésticos, actuando en cooperación con universidades e institutos de investigación, están enriqueciendo el Know-how en materia de envases y embalajes, con el propósito de presentar a la industria de artículos de marca nuevos modelos de envases que simplifiquen más el trabajo en la cocina.

Según indican investigadores de la Universidad Rutgers de New Jersey (EE. UU.), se combinará la tecnología alimentaria con el desarrollo de envases y embalajes y aplicaciones informáticas. El objetivo es proyectar envases que emitan mensajes inteligentes.

 

Los expertos hablan de la aparición de envases provistos de códigos de barras que transmitan a diversos aparatos de cocina la información que sea necesaria para elaborar cualquier plato o la referente al plazo de caducidad. De esta manera, se podrá crear el entorno técnico óptimo para el producto si el menaje de cocina dispone de posibilidades para “entenderse” con el envase.

 

Al consumidor, el trato con el producto le resultará más sencillo y más cómodo que hasta ahora, pues ya no tendrá que ocuparse de nada en cuanto a la conservación y a la elaboración de los alimentos. Mejores oportunidades comerciales se vislumbran ante todo en relación con aquellos consumidores que tienen las facultades visuales disminuidas. Por eso, los códigos de barras nuevos contendrán información de seguridad. También, es probable que se incluya información de interés para alérgicos y datos relativos al periodo de conservación a diversas temperaturas o a posibles acciones pretéritas de retirada de productos por el fabricante.

 

Desde luego, el desarrollo se encuentra todavía en la fase inicial, pero los ingenieros se muestran entusiasmados de las posibilidades que ofrecen los envases inteligentes y asimismo las empresas envasadoras ya han demostrado un vivo interés por el asunto. Los consumidores partidarios de la comodidad impulsarán en todo el mundo la demanda de productos alimenticios contenidos en envases de esta índole.

 

Enfriar en minutos

En Estados Unidos y en consonancia con los hábitos de consumo de ese país, la refrigeración es uno de los objetivos preferidos entre las actividades de I+D de la industria de envases y embalajes. En la actualidad, existe el método tecnológico “Instant Cool” (I.C.), según el cual para que se refrigere un envase es necesario incorporar un condensador, un colector de vapor y un desecativo a base de sal, porque los vahos y el líquido que se producen a raíz de la activación deben ser recogidos en el fondo del envase.

 

Este procedimiento es aplicable en envases rígidos, como latas y botellas, y en bolsas. Existen evidencias de que por este método la temperatura del envase y de su contenido ha descendido en pocos minutos a casi 17 °C (30 °F). Los expertos esperan que las dos empresas estadounidenses que han inventado este método concedan licencias a nivel nacional e internacional.  en exclusiva correspondientes a diversos tipos de recipientes y regiones del globo.

 

Además, se conoce una tercera vía que fue desarrollada para minimizar los costos: “CoolBev”. Se trata de un pequeño accesorio que puede ser incorporado en botellas normales, latas y cajas de cartón. Éste ocupa casi un tercio de la capacidad del recipiente y técnicamente es una pequeña bolsa de vinilo llena de agua.

 

Al ser abierto el envase, el líquido contenido en la bolsa refrigerante es comprimido y se evapora.  A su vez, el vapor sustrae calor al producto, de modo que éste se enfría. El vapor que se precipita en la bolsa es captado mediante una materia secante a base de arcilla. También, en ese caso es considerable el descenso de la temperatura, según indica el fabricante, pues la temperatura del producto baja 18 °C (32 °F) en dos o tres minutos.

 

Por Nadia Perera: editora de contenidos del Food Pack Summit


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